Me quedo pasmada y desolada cuando termino algo. Mi instinto de perfección debería impedirme acabar; incluso empezar. Pero me distraigo y obro. Lo que obtengo no resulta de una aplicación de mi voluntad, sino de una concesión que ella hace de sí misma. Empiezo porque no tengo fuerza para pensar; termino porque no tengo alma para interrumpir. Este blog es una de mis cobardías, tanto que parafraseo a Fernando Pessoa